Todos somos uno

Existe algo que interconecta todo y a todos. Lo sentimos en momentos de profunda conexión interior: caminando por la naturaleza, meditando, cuando nos entregamos al juego con libertad, bailando, mirando el mar. En esos instantes, que parecen fuera del tiempo, sentimos el corazón rebosante de amor. Esa sensación de ser uno con el Universo, de estar bebiendo de una Fuente ilimitada de luz y amor nos lleva a un estado pleno de gracia. Luego, el interruptor se apaga y sentimos que esa chispa mágica desaparece. Volvemos a nuestro mundo individual para ocuparnos del  exigente día a día, sobreviviendo a los desafíos cotidianos, anhelando volver a tocar -brevemente- la Fuente. 

La desconexión del Todo, el vivir como individuos separados, nos ha llevado a destruirnos a nosotros, a nuestro planeta y drenado nuestras almas. La vida actual nos exige y demanda demasiado por muy poco a cambio. A pesar de todo, este es un manifiesto de esperanza. Creo firmemente que la búsqueda de la Fuente nos devolverá la vida a nosotros y el planeta. Que beber de su agua sagrada nos nutrirá el alma y nos sanará colectivamente. Este espacio intenta ser un llamado a la esperanza para intentar mejorarnos y mejorar el mundo.

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