La ciencia del Akasha

Eso que nos une a todos ha intrigado a religiosos, filósofos y científicos desde tiempos inmemoriales. Se lo ha llamado de distintas maneras: red cósmica en la astrofísica, campo-A o Gran Campo para la física cuántica, Akasha o Red de Indra para la filosofía hindú y la teosofía, Conciencia Universal o Conciencia Cósmica para quienes buscamos unir los conceptos de la física con la espiritualidad. En nuestra vida diaria nos impresionamos cuando una coincidencia mágica sucede, cuando sabemos quién nos va a llamar o podemos leer la energía de una habitación. Sabemos, con algo más que nuestra mente, que hay algo invisible y superior a nosotros que nos conecta.

En la actualidad, el interés en los registros akáshicos ha crecido enormemente y se basa en nuestro afán por conocer sobre nosotros mismos: en la búsqueda de conexión con algo superior para sanar, evolucionar o sentir que la cotidianidad no es todo lo que existe, que debe haber algo más. Pero en esa mirada individual perdemos de vista que el Akasha es algo maravilloso que nos muestra las entrañas del universo, que nos lleva a enfrentarnos cara a cara con el misterio. Porque el Akasha es mucho más que un simple archivo cósmico donde queda registrada toda la información de las almas. Reducirlo a unos simples registros o memorias es como reducir un libro a un espacio donde se almacenan letras. ¿Pero entonces qué es el Akasha?

El Akasha es el plano de la Conciencia Única del Universo, el gran campo que conecta todo lo que existió, existe y alguna vez existirá. El Universo infinito que habitamos es, en realidad, una Gran Conciencia en la que estamos inmersos, y que emergió con el Big Bang. Cuando todo empezó no solo surgió la materia, también se creó una red infinita donde están todas las historias de todas las almas. Desde su nacimiento, por esta Conciencia Única circula información que construye la realidad. Y podemos acceder a ella solo al comprender que somos parte de esa red.

La información es la estructura última del universo y de todo lo que nos conforma: los fotones, las estrellas, la materia oscura y los agujeros negros, tu gato, una manzana y todos tus futuros posibles. El Akasha, eso que nos parece tan esquivo, es en realidad algo mucho más simple de sentir que de explicar: la trama invisible que atraviesa cada cosa que existe — vos, yo, esta pantalla, la estrella más lejana — y que las mantiene, de algún modo, en contacto. Esta Gran Mente del Universo, guardiana y creadora de información, la hace circular hacia cada uno de nosotros, nos atraviesa, y por eso sabemos quién nos escribió antes de abrir WhatsApp o que esa persona que acabamos de conocer no nos conviene. ¿Cómo no maravillarse frente a la posibilidad de un universo inteligente y consciente? ¿Cómo no fascinarnos con ser parte de un todo que existe desde el origen del tiempo y que existirá por siempre? ¿Cómo no rendirnos, entonces, ante la posibilidad de una eternidad existiendo en la Conciencia Cósmica?

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